Archive for 23 julio 2012

Compartimos las palabras de Yanina Budkin (EF. 2012) sobre su experiencia como becaria del Eisenhower Fellowship en Estados Unidos.

julio 23, 2012

Como becaria del Eisenhower Fellowship estuve viendo tres temas principales: tendencias en periodismo digital y nuevos medios incluyendo la voz ciudadana en las coberturas;  gobierno corporativo y rol de los medios públicos en Estados Unidos y como manejan la independencia de los gobiernos generando espacios de inclusión social y el funcionamiento de la normativa de acceso a la información pública (FOIA) desde la perspectiva del estado.

Visité 10 ciudades en las 7 semanas que duró el viaje, me entrevisté con unas 60 personas y volví con una mirada nueva sobre las tendencias en medios sociales en Estados Unidos y con buenas ideas sobre cómo pensar una programación diversa e inclusiva en los medios de radio y televisión públicos de argentina.

A partir de contactos de la beca, estoy organizando un seminario internacional sobre televisión pública que tendrá lugar el año que viene en Centro América. También, estoy colaborando con una investigación del programa 60 minutes sobre Argentina y promoviendo acuerdos de contenido entre algunas de las productoras que visité y el canal público de Paraguay.

Una de las anécdotas del viaje, incluye haberme encontrado con nuestro Presidente Collin Powell en los pasillos del Ala Oeste de la Casa Blanca (para sorpresa de Collin y mía!) y una de las alegrías fue reunirme con Paul Steiger, CEO de ProPublica y ex editor del Wall Street Journal.

La experiencia fue increíble, mi grupo único y mis ideas y ganas de hacer cosas se multiplicaron a partir de mis siete semanas en Estados Unidos.

Compartimos el artículo de Martín Krause (EF. 1993) para el diario La Nación.

julio 19, 2012
Publicado el 06-07-12 // DestacadosÍndice de Calidad InstitucionalLyP en la PrensaPolítica

LA NACIÓN.- En los últimos seis años, la Argentina ha involucionado notablemente en materia de calidad institucional. Así lo demuestra un estudio elaborado por la Fundación Libertad y Progreso, que mide precisamente el Indice de Calidad Institucional (ICI) de los países, es decir, una combinación de indicadores que evidencian cuál es el respeto por las reglas de juego políticas y económicas de cada nación.

En 2007, la Argentina se encontraba en el puesto 93 de ese ranking. Hoy se halla en el 122 sobre un total de 191 países, es decir, descendió 29 posiciones. El ranking actual es encabezado por Finlandia, que logró desplazar a Dinamarca del primer puesto.

Comparados los datos de 2012 con los de 2007, cuando se comenzó a hacer esta medición, los desempeños positivos más destacados han sido los de Canadá, Australia y Taiwán. En esa nómina también se destaca Perú -aunque aparece mucho más abajo- como el que más avances ha demostrado en nuestra región.

En tanto, la Argentina está en el puesto 17°, pero de la lista contraria, es decir, de los países que peor desempeño tuvieron.

En cuanto a América latina, la situación de nuestro país tampoco es destacable. Chile, Uruguay, Perú, Colombia y Guatemala han mostrado un mayor apego institucional. Detrás de la Argentina se ubican Nicaragua, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Haití, Cuba y Venezuela.

Un país accede al ranking si califica al menos en cuatro de los indicadores considerados para la medición. Entre los políticos se encuentran la rendición de cuentas y la vigencia del derecho, la percepción de la corrupción y la libertad de prensa. Entre los económicos: la realización de negocios, la competitividad global y la libertad en esa materia.

¿Por qué es importante una buena calificación en el ICI? La pregunta fue respondida por Martín Krause, consejero de Libertad y Progreso, y autor del trabajo. “La calidad de las instituciones afecta directamente los motores del crecimiento, la inversión y las innovaciones, y eso, a la calidad de vida de las personas. La pobreza, al igual que la riqueza, está directamente relacionada con la calidad institucional”, dijo.

Es notable que en el caso de la Argentina, obtenga sus peores calificaciones en los indicadores económicos, en particular los de libertad y rendición de cuentas. Hay que considerar, además, que el ICI 2013 podría llegar a ser todavía más negativo para nuestro país, pues para esta última medición no fueron ponderados ni el control cambiario, ni las trabas a las importaciones, ni la reforma de la carta orgánica del Banco Central.

Lamentablemente, nuestro país ha venido dando sobradas muestras del desinterés de sus gobernantes por la protección de derechos básicos como el de propiedad, por el Estado de Derecho y por la independencia de la Justicia, entre otros aspectos relevantes.

El caso del vicepresidente Boudou, actualmente investigado por enriquecimiento ilícito, por el rescate de la empresa Ciccone y por el desvío de fondos del Estado cuando conducía la Anses, es tanto judicial como político, pues en su derrotero por defenderse de las acusaciones ha logrado desplazar al doctor Esteban Righi como jefe de los fiscales, y también dejaron el expediente el magistrado y el fiscal que lo habían iniciado.

La confiscación de YPF y las últimas medidas presidenciales en cuestiones bancarias y respecto del destino de fondos previstos inicialmente para otros fines no hacen más que sumar depreciación a nuestra calidad institucional. La Argentina tampoco mide eficazmente en otros indicadores del ICI sobre vigencia del derecho en un país, como son la confianza en la Justicia y en la policía, la rapidez de las decisiones de los jueces y la honestidad de funcionarios.

Por otro lado, las peleas políticas con vistas a los comicios del año próximo y al mantenimiento de cuotas de poder están poniendo cada vez más los recursos del país como moneda de cambio para premiar lealtades o castigar lo que se consideran traiciones.

Esta situación, en la que un Estado se excede en su papel de contralor, restringiendo libertades empresariales, individuales y de prensa, termina por degradar la calidad de vida no sólo institucional, sino de sus habitantes, pues, como bien ha definido Krause, “los países que han logrado desarrollar un conjunto de instituciones sólidas brindan a su población más y mejores oportunidades para alcanzar los fines y objetivos que quieran perseguir”.

Compartimos la pubicación del Dr. Carlos Javier Regazzoni (EF. 2004)

julio 19, 2012

SÁBADO, 14 DE JULIO DE 2012

El desafío de involucrar a la Universidad en la matriz productiva

El pasado mes de mayo se dio a conocer un nuevo ranking mundial de universidades que llama la atención sobre el rol de la educación superior en la economía argentina.
Los primeros lugares resultaron previsibles: el primer puesto fue para Estados Unidos, seguido en orden decreciente por Suecia, Canadá, Finlandia, Dinamarca, Suiza, Noruega, Australia, Holanda, y, en décimo lugar, el Reino Unido. Argentina, esta vez, calificó por encima de China, Brasil o Méjico, países en constante crecimiento que son líderes regionales y mundiales. Estos resultados, si bien son alentadores, obligan a una reflexión sobre la política que se debe implementar para involucrar a la universidad en el crecimiento del país.

El ranking fue elaborado por Universitas 21, una red internacional de colaboración fundada en 1997 y conformada por 23 casas de altos estudios de 15 países (desde el Reino Unido hasta la India pasando por China y Japón), caracterizadas por dedicarse intensamente a la investigación científica. Se calificaron los sistemas universitarios de 48 países en base a una serie de parámetros como los recursos invertidos en educación superior, la participación de las mujeres en el alumnado y los docentes, la disponibilidad de datos y el monitoreo sobre el propio sistema, diversas encuestas de opinión disponibles, la participación de estudiantes extranjeros y la cantidad de trabajos cooperativos internacionales entre las diferentes casas de estudio, el alcance de los estudios superiores en la población económicamente activa y el nivel de la producción científica emanada de las universidades de cada país.
Los resultados parecen reflejar mejor que otros intentos similares la impresión que se tiene al conocer sistemas universitarios de otras partes del mundo: nuestro país, globalmente hablando, está mejor posicionado que la mayoría de los países de América Latina, aun cuando existen casas de estudios puntualmente superiores a las nuestras en Brasil o Chile.
Nuestro país calificó muy mal en recursos, pero lo hizo bastante mejor en todo aquello relacionado con la participación de la mujer, la vida académica, y en cuanto a las relaciones de sus universidades con el resto del mundo académico global. Nuestro punto más débil fue la generación de investigación científica.
Como todo ranking, éste también incitará acaloradas discusiones. Pero lo cierto es que, siendo la educación superior un insumo crítico para la competitividad de la economía, la calificación de la fuerza laboral, y el desarrollo de un país, estas evaluaciones son una referencia más a la hora de tomar decisiones. Y nuestro país debe asumir la responsabilidad sobre esta toma de decisiones en el campo de su sistema universitario. Argentina debe decidirse a expandir el alcance de la universidad entre los grupos más postergados, a involucrar eficientemente a las casas de estudios en el aparato productivo, a internacionalizar su cuerpo docente, y a poner su investigación científica al nivel de los mejores países del mundo. El desafío es grande, pero resulta estratégico para nuestro crecimiento. Éste, como otros rankings similares, vienen recordándonos la necesidad de una constante política universitaria desde hace no menos de 20 años.